Archive for octubre, 2006

Oscuridad

Va dirigido a un sujeto femenino puesto que originalmente fue escrito a un sujeto femenino en Messenger. Dadme vuestra opinión.
 
Te despiertas en medio de la noche, enfundada en una capa de sudor frío. No tienes la certeza, pero crees
que algo no va bien. Estás tumbada, en la cama, boca arriba, y apenas puedes ver nada. La escas luz
que te permite reconocer los muebles del cuarto viene de fuera, de la calle. La escasa luz de una farola cercana
filtrándose a través de la pequeña rendija de la persiana. Sabes que fuera hace frío, pero te extraña la sensación.
¿Lo sientes?
Una sensación de ligero calor recorriendo tu esbelto cuello. Una senasción de calor, algo húmedo,
que te recorre y te hace reconfortarte, pero empiezas a tener la certeza, a medida que el sopor desaparece,
más drásticamente, por cierto, de lo que t gustaría, de que ese suave calor no es precisamente un buen presagio.
¿Lo has escuchado? ¿Lo ves?
Ves cómo, lentamente, una enorme sombra, una silueta, una figura, se forma al lado de tu cama. Irguiéndose sobre el
 suelo. La figura deja ver un pequeño cuchilo que sostenía en la mano, lo limpió de una extraña sustancia oscura, y lo
guardó en la espesura de sus ropajes. Intentas hablar, preguntar, gritar. No se articula palabra alguna.
No puedes hablar. Tu cuerpo, paralizado por algo que te mantiene fuertemente pegada al lecho de la cama.
Al lecho de muerte.
La enorme figura, que al parecer, y según tus bellos ojos adivinan en la semioscuridad de tu cuarto, lleva un
sombrero negro y de ancha ala, hace algún movimiento no llegas a distinguir. De repente, un destello. Parecido al
destello de una cerilla en la noche, de una estrella en la lejanía. No. El destello. El reflejo de la leve luz de la calle.
El reflejo provocado por un largo objeto metálico que aquel personaje levantaba sobre tu cuerpo.
Intentas gritar.
 
Silencio.
 
Entonces, el objeto te penetra. Te hace un largo y profundo corte desde el pecho hasta el abdómen.
Después de una rápida serie de movimientos que tampoco consigues desvelar, el asesino mete su mano en tí.
Agarra tu corazón, lo arranca, con inmunda rudez, de tu cuerpo, y lo introduce en un gran saco fétido y oscuro que se encontraba junto a él.
La negrura crece en la habitación. Ni siquiera puedes ya removerte. No te puedes permitir el lujo
de intentar hablar. La oscuridad lo empieza a envolver todo.
Silencio.
La figura se acerca a tu cara lentamente. Con una voz ronca, inhumana, oscura, te habla.
-Te dices llamar la Princesa de la Noche.
Pero la Noche y la Oscuridad no tienen más dueños que a sí mismos.
 
 
Por favor, Laura, si lees esto, y por casualidad tienes guardado en algún lado la conversación,
pásamela íntegra. Es mucho mejor que esta marrrranada que he escrito deprisa y corriendo.
Saludos.
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