Fragmento Quasi-Completo (Libro VI. Vida)

Teniam, lider de los Muertos en la última guerra de la Humanidad, habla aquí con Amadeus, responsable directo de la Fusión de Mundos (Mundo de los Vivos y Mundo de los Muertos).
 
  […]
  -Aún puedes darnos mucho, Amadeus -dijo Teniam. Detrás de la escasas tiras de piel oscura y quebradiza de su rostro, los músculos intentaron crear una sonrisa-. Piensa en esto como un acuerdo, un contrato, un intercambio.
  -¿Y qué es lo que he de suponer que podéis darme? ¿Un castillo en ruinas en lo alto de una montaña? ¿Una horda de cadáveres mutilados a mi servicio? ¿Acaso un mundo gris y frío en algún distante punto del universo?
  -Tal vez, Amadeus, tal vez. Te daré mucho más si así lo creo conveniente.
  -¿Creéis que tengo necesidades aún por cubrir? Supongo que no habéis llegado a la conclusión de que, de nosotros dos, el único que se encuentra en disposición de ofrecer algo que el otro necesite, soy yo.
  -No creerás acaso que una victoria por parte de los Muertos no te influirá, ¿verdad?
  -Justamente, Teniam -contestó Amadeus, inaugurando unos instantes de silencio, tan sólo roto por el ya lejano ruido del desplazamiento de la artillería.
  -Ignoras lo equivocado que estás -dijo finalmente Teniam, acercándose perceptiblemente a Amadeus.
  -En verdad no necesito argumentos para confirmar que tengo razón. Tal vez os convenzan más los hechos. Llevad a cabo vuestra anhelada Guerra Final, fracasad en vuestro intento de eliminar la Vida, y contemplad por último cómo mi poder se extiende sin límites ni fronteras.
  -No me cuentes falacias. No a mí, que te lo he dado todo, que fijé mi atención en ti. Si no fuera por mí, Amadeus, no habrías salido jamás de las ambiguas y confusas sombras en que habitabas.
  -Ni vos ni vuestro ejército de cadáveres habría conseguido nada en tal caso y vos lo sabéis. Pero, igualmente, tarde o temprano habría reunido el suficiente poder como para generar la Fusión de Mundos por mí mismo, eso no lo pongáis en duda.
  -No te vuelvas demasiado orgulloso -contestó Teniam acercándose aún más a Amadeus-. Todo el poder que ahora tienes me lo debes a mí. Fui yo quien permitió que llegaras al otro Mundo y comenzaras a cobrar poder.
  -Evitad confundíos, Teniam. No caminéis por los senderos equivocados. Acaso sabíais que gozaba de una posición privilegiada y que para utilizarme en la guerra debíais respetar mis intereses -dijo Amadeus manteniendo su porte elegante pero firme-. No intentéis ahora sembrar el rencor entre los dos. Sabéis muy bien que no se conseguirá nada con ello.
  -Lo que intento es hacerte razonar, pedirte que tomes una decisión. Tu neutralidad está puesta en entredicho por mis generales estos días. Además, suponiendo que fueras neutral, no dejas de ser un gran obstáculo, porque bien podrías tratar de igualar la batalla a medida que nuestra victoria se acerque.
  -Bien, así que me consideráis un obstáculo, ¿no es así? Y ahora los generales y vos planeáis darme a elegir entre ser reclutado y… ¿Y qué más, Ëdeon Danya?
  -Y retirarte -contestó Teniam sin rodeos-. Exiliarte. Desaparecer de nuestro alcance.
  -No acabo de decidirme, poderoso Emperador de la Muerte, por ninguna de las dos opciones.
  -Sabes muy bien que la otra alternativa es mucho peor.
  -¿Intentaréis arrancarme el alma al fin, Teniam? ¿Os atreveréis a extender vuestra mano hacia mi cuerpo y buscar a tientas mi alma todopoderosa?
  -Sin duda -dijo Teniam, acercándose a Amadeus lo suficiente como para poder ver su reflejo en los azules y deteriorados ojos de Amadeus.
  -Intentadlo entonces, ahora que tal vez tengais alguna posibilidad. Estaré encantado de marchar en paz. De dejar este caótico y absurdo Mundo atrás. Si acaso lo conseguís, me daréis la satisfacción más grande que un ser humano haya podido darme jamás.
  Sin decir nada más, Teniam atravesó el pecho de su benefactor con una mano fría y ávida de muerte. El aire que los rodeaba se enfrió en un momento, desde la roca en la que habían estado hablando se elevó una fina polvareda gris y la oscuridad comenzó a brotar de la mano que Teniam tenía dentro del corazón de Amadeus y se extendió en el aire como la tinta en el agua. Tras un sólo segundo en el que el rostro de Amadeus se desencajó en una mueca de dolor o de ira, la calma fría y habitual regresó a su rostro, ahora con más firmeza. Teniam gruñió al principio, hundió más la mano, extendió la oscuridad hasta que casi los cubrió a los dos como un banco de niebla. Después, comenzó a lanzar salvajes y guturales alaridos de rabia, mientras que el rostro serio y tranquilo de Amadeus iba siendo ocultado por la oscuridad.
  Entonces un sonido vibrante, puro, se abrió paso entre los dos, haciendo encoger a la orgullosa oscuridad de Teniam, haciendo que regresara a su impía fuente. Teniam, sobresaltado, sacó su mano de entre las entrañas de Amadeus. Éste, más calmado y frío que nunca, se recolocó la larga túnica negra y miró a Teniam durante unos instantes. Teniam, que sintió cómo la mirada fría y altiva de Amadeus le estaba retando, no pudo menos que desenfundar su espada y abalanzarse sobre su nuevo y poderoso enemigo, un verdadero Inmortal que tal vez poseyera más poder aún del que hacía gala en silencio.
 […]

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