Fragmento (Kana en la capital de la EC)

  Kana veía ahora ante sí una gran avenida sembrada de automóviles atravesados caóticamente a lo largo de los seis carriles paralelos. A ambos lados, los grandes álamos transgénicos aguantaban aún, estoicamente, bajo un cielo oscuro surcado por decenas de puentes y vías peatonales que iban de manzana en manzana siguiendo un recorrido completamente distinto al destinado a los automóviles. En esa zona los edificios iban siendo progresivamente más bajos pero solemnes, recubiertos no de cristal sino de planchas metálicas o mármol; en ambos casos las fachadas se conservaban mucho mejor que las de los edificios que había dejado atrás. Kana siguió avanzando por la larguísima avenida, esquivando los cúmulos de vehículos abandonados, durante largo rato. Al fin, llegó a un punto en que el lado derecho de la avenida se abría a una plaza enorme y luminosa, en la que cuatro hileras de árboles enfermizos y lánguidos se alargaban hasta llegar al otro extremo del recinto rectangular, un magnífico palacio cuyas losas de mármol negro, blanco y rojo, destacaban contra el plomizo cielo. Aun desde aquella distancia, Kana pudo divisar la balconada grande y sobria que dominaba la fachada frontal del bajo edificio.
  Avanzó por la Plaza de las Mil Victorias hasta alcanzar la gran fuente situada en su centro, desde la que se alzaba el grandioso Monumento a los Soldados erigido después de la destrucción de Namur en honor a los soldados que allí perecieron debido en gran parte a la fría indiferencia de Herón. Kana permaneció de pie unos instantes, admirando la expresividad de las leales representaciones de los valerosos soldados confederados que luchaban por una causa etérea e incierta. Después se tumbó sin más en el suelo, junto a la fuente, tras apartar la hojarasca que el viento había formado.
  Pese a su fatiga, no logró conciliar el sueño. Cuando creyó que sus músculos habían descansado al menos lo suficiente como para no dolerle más, volvió a levantarse, colgarse el macuto a la espalda y echar a andar hacia el Palacio Real. Por el camino advirtió que las referencias a miles de cadáveres esparcidos por las ruinas de la ciudad eran exageradas, pero no tanto como quisiera. Ya estando cerca de las puertas de roble que daban paso al vestíbulo del palacio, no pudo evitar fijarse en las indefinidas manchas oscuras que conferían al suelo un aspecto en cierto sentido tétrico, acentuado por los harapos y ropajes semienterrados en el sustrato en desarrollo. Las armas y uniformes que entre todos los despojos pudo distinguir le confirmaron que alli tuvo lugar una matanza, pero ningún otro pensamiento le indujo aquel escenario, puesto que al momento vio algo que le llamó aún más la atención. A ambos lados de la puerta, altos pedestales de piedra oscura flanqueban la entrada al palacio, pero sobre ellos no había ninguna estatua. Ninguna quimera o bestia mtológica guardaba aquel lugar. Kana subió las escaleras, miró en derredor, asombrada por la grandiosidad del lugar pese a su patente deterioro, y atravesó las puertas que, tal como se figuraba aun antes de llegar a la Avenida de la Democracia, la esperaban abiertas y receptivas.
 
 
 
ArVg

1 comentario »

  1. Xurtu Said:

    Me encanta. Todo realmente bien definido, impecable, está bien. Pero si pudieras agrandar un poquitín la letra que casi me quedo ciega…
     
    Te quiero


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