En el Templo (20 años antes)

  El llanto inagotable inundaba la enorme estancia y recorría cada uno de los recovecos de la alta cúpula, que devolvía un eco agudo y desesperador. Un hombre alto y de rostro cansado bajaba a gran velocidad las innumerables escaleras que lo separaban del suelo del Templo de Ur. En sus brazos, un bebé desnudo y tembloroso se quejaba del penetrante frío que impregnaba el aire.

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