Fragmento [Voluntad]

  Del silencio y la oscuridad que la rodeaban, surgió un suave murmullo, un sonido familiar y relajante. Aunque no las veía, Kana sabía que las olas la mecían y abrigaban. Después, comenzó a verla. Apareció en todo el mundo en el mismo instante, inundando todo con su frío y su blancura. Poco a poco, la niebla se abrió frente a ella para mostrar una silueta oscura, alta y elegante. La figura se acercó sin prisa, rodeada de la espesa niebla y el rumor de las olas. Cuando llegó junto a Kana, ésta le pudo ver el rostro, un brillo argénteo y puro lo recorría a todo lo largo. Dos rendijas daban a una oscuridad insondable, donde debieran hallarse sus ojos, mientras de un tercer orificio surgía una voz ronca, aterradoramente seca y fría.
  -Te saludo, Kana.
  Kana, dominada por igual por un pánico sin nombre y una inocente curiosidad, acercó su rostro a aquel que la máscara ocultaba.
  -Dime, ¿quién eres?
  -Soy como tú. En ciertos aspectos, al menos.
  -¿Cómo es que estás aquí?
  -Yo vivo aquí, Kana. Es aquí donde existo, el único lugar donde puedo existir, en realidad. Al menos hasta que alguien abrió la puerta adecuada.
  -Eres Teniam, ¿verdad?
  -Y eres tú la que ha de destruir mis intentos de purificar la Humanidad, ¿verdad?
  -Yo aún no conozco mi propio plan, ni el tuyo, por lo que no…
  -¿Crees, acaso, que eso cambia algo? Eres tú la que va a intentar destruirme, por unas razones muy contundentes, además.
  -¿Estoy destinada a ello, igual que tú?
  -No es cuestión de destino, Kana, sino de voluntad. Desde hace más de diez milenios es mi voluntad destruir la Vida en todas sus formas, y desde antes aún es la voluntad de la Humanidad que surjas tú de la nada para impedírmelo. Por lo que nadie sabe cuál de los dos ganará. Es un choque de voluntades. De tu capacidad de fusionar tu voluntad con la de la Humanidad dependerá tu propia victoria. Yo estoy solo en esto.
  -¿Por qué has venido a verme?
  -Porque quiero que te anticipes, que te prepares para lo que se acerca, que le comuniques a Caronte que el tiempo se agota para todos. Y porque quiero que esta guerra sea la última de todas las guerras, para lo cual has de colectar mucho poder. Si Caronte te ha contado la mitad de cuanto debía, sabrás ya que la Humanidad sufrirá mucho estos días, pero le merecerá, pues pasado este tiempo todo habrá terminado. Además, como ahora ya sabes, es cuestión de voluntad, por lo que elige pronto y no abandones tu camino, si deseas obrar por el bien de la Humanidad. Puedes abandonar tu misión, dejar que la Vida sucumba y dé comienzo la Era de Paz; puedes luchar contra mí, derrotarme, esperar y ver qué pasa después. O puedes hacer un llamamiento a la voluntad que nos une y forzarla a entrar en juego, sacrificar la Humanidad que conoces, con su elegancia y mediocridad, en aras de un Renacer más propio de un Dios -concluyó Teniam, que se apartó ligeramente de Kana, en espera de su respuesta.
  Las palabras de Teniam resonaban en la conciencia de Kana, nublándola. Era consciente sólo a medias del hecho de que la Humanidad dependía de su respuesta, pero pronto un sentimiento afloró entre toda la confusión y el cansancio.
  -No temo nada, Teniam. Soy profundamente egoísta, sé que no tengo nada que perder, que estoy jugando con el futuro de la Humanidad, que mi decisión acabará con millones de vidas, pero ésta es mi decisión. Lucharé contra ti hasta que llegue el día en que cada uno de tus huesos se convierta en polvo, en que tu máscara se corroa y quiebre, y en que tu conciencia desaparezca abrumada por el hastío. Mandaré a tus soldados muertos de nuevo a su descanso, salvando a cuantos humanos vivos pueda. Reescribiré el Libro y no descansaré en mi intento de llevar a la Humanidad por una senda que no conlleve sufrimiento y muerte, pues esto es lo que he visto en tus ojos cuando has hablado de un Renacer maravilloso.
  -Harás esto, aunque la Humanidad corra el riesgo de quebrarse y desaparecer en las sombras por siempre, únicamente por evitar la angustia y dolor que traen otras soluciones.
  -Así es.
  -Pronto nos veremos, Kana. Pronto nos veremos.
  La máscara plateada sea alejó, y la niebla omnipresente cubrió su ausencia. Al instante, Kana sintió frío. Después, el sonido de las olas subió y subió en intensidad, hasta que lo reconoció como el lastimero intento de sus pulmones por poner en circulación el gélido aire de K’al Erael. La niebla se oscureció y se apartó a distantes rincones, hasta que sólo quedaba oscuridad. Una fuerte sensación rítmica en el seno de su cuerpo le advirtió de que su corazón despertaba de nuevo, y con él, su conciencia regresaba al frío cuerpo que por unos instantes, o por varios años, había dejado atrás.
 
 
ESBOZO
 
 
    ArVg

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