Archive for octubre, 2008

Fragmentos inconexos (variar para)

  -Estoy seguro de que puedes hacerlo por la misma razón por la que creo que se me ha concedido una segunda oportunidad.
  Kana le miró fijamente, pero no formuló ninguna de las preguntas que le vinieron a la mente. Al cabo, Caronte continuó.
  -Ella no nos gobierna, no llega a nosotros y nos manipula como a unos títeres. Somos nosotos los que la buscamos sin descanso. Somos nosotros los que influímos en Ella y no al revés. La Conciencia de la Humanidad no nos revela sus intenciones porque, en todo caso, somos nosotros los que las tenemos que averiguar por nuestros medios, pues son en realidad nuestras intenciones.
  -Yo no estoy segura de poder hacer esto.
  -Yo sí lo estoy. De voluntad sé mucho más de lo que querrías saber jamás, sé por tanto que si has llegado hasta este punto, que si has hecho todo lo que has hecho, no sólo estás preparada para lo que se avecina, sino que por tu propio pie avanzarás hacia tu propio destino, pues marcha contigo. Si acaso ahora crees que me equivoco, sin duda tu subconsciente te declarará pronto sus intenciones, y te darás cuenta de que las compartes -dijo Caronte. Calló unos instantes, durante los que Kana compartió su silencio. En su mirada veía fluir cientos de preguntas aún sin respuesta-. Todo es tan confuso, Kana, lo sé. Pero eliminar esa confusión, esas dudas, esa niebla que nos impide vernos a nosotros mismos, es una de las consecuencias de nuestra lucha. Avanza como hasta ahora y estarás avanzando hacia la perfección.
 
   [En la Niebla — Libro IV. Kana]
 
  Los resonadores se activaron y se calibraron automáticamente. Godhi se recostó en el sillón y cerró los ojos. Centró toda su atención en un leve zumbido que le llegaba de todos lados. Un sonido peculiar y relajante. Pronto cambió y fue creciendo en intensidad hasta convertirse en un inquietante retumbar grave que terminó abruptamente. Silencio. Una corta serie de pulsos, cada vez más largos y armónicos, que se fueron entremezclando entre sí hasta formar un sonido complejo y desestructurado. Fue haciéndose cada vez más definido hasta que finalmente se acercó lo suficiente a un sonido grave y suave, cercano al humano.
  -Ahora te escucho -dijo Godhi, para comenzar la conversación.
  El sonido desapareció al instante.
  -Ahora te escucho -replicó la voz.
  -Te saludo. Mis iguales me llaman Godhi Astar. Llámame así si lo deseas.
  -Te saludo. Mi igual me llama Ednun Krass Iprae. Llámame así si lo deseas. Yo te llamaré Godhi Astar.
  -De acuerdo. Te agradezco que hayas accedido a mi propuesta.
  -Te agradezco que me la hayas planteado.
  -¿Cómo has aprendido mi idioma?
  -No hay tiempo para esto. Pregúntame ahora -contestó Él. Godhi se sorprendió, pero decidió no perder más tiempo.
  -¿Qué eres?
  -Soy el enemigo declarado de tu raza. Soy aquél al que queréis dar muerte.
  -Y tú quieres también ver cómo desaparecemos.
  -Yo quiero terminar. De una forma u otra, todo ha de terminar.
  -Deseo ayudarte. ¿Qué puedo hacer para ayudarte?
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qué (II)

  Qué te voy a decir, preciosa, que este ha sido el peor y más enajenado día de mi vida, que los árboles se han vuelto en mi contra y tus ojos, no sé qué decir. Pero este día ha terminado. Han sido unas nefastas veinticuatro horas que, para bien o para mal, nos han enseñado algo del otro, y de nosotros mismos. O eso espero. Yo sí he aprendido algo, que bien puedo vivir sin ti, si es que una vida alienada, vacía y llena de extraños seres retorcidos, es una vida, lo cual dudo mucho. Qué te voy a decir, que espero que nos vaya bien, que tengo en ello puesta más esperanza que en la supervivencia de la humanidad, uy no, otra cosa, que tengo en ello puesta más esperanza que en la destrucción de la humanidad. Que te quiero, preciosa mía, muchísimo, que no tengo nada que perdonarte.
 
Te Quiero

qué

  Qué te voy a decir, preciosa, que éste es el día en que más te odio y más te amo de toda mi vida. Que nunca he amado a nadie como a ti hasta hoy, que este ha sido un gran año, tal vez el primero de mi vida, o el último de mi anterior, no lo sé. Que espero que se me pase pronto esta enajenación, que pueda mirarte a los ojos sin que mil cuchillos apuñalen mi alma (o, peor aún, disfrutar con la visión de tus ojos). Que me falta el aliento, aún más que de costumbre, aquí escribiendo arrodillado ante una máquina sin alma, un ser encorvado, con alma aún? Que te quiero, preciosa. Que te agradezco todo, absolutamente todo; que te deseo mayor suerte que la que estoy corriendo yo estas horas; que no tirarme al suelo, provocando una explosión de sentimientos, no es mejor en absoluto, pues todo me quema por dentro (llamas infernales y cuchillas de hielo que me atraviesan cuando te recuerdo).
  Qué.

Alpha

LEVÁNTATE Y ANDA, CIUDADANO,
ESCUCHA Y GRITA, HERMANO.
LEVÁNTATE Y ANDA, ALDEANO,
SUFRE Y DAÑA, VILLANO.
 
NO SE ACERCA EL DIA,
AQUEL PURO Y ARGENTADO.
NO SE ACERCA EL DÍA,
PUES ESTE, HERMANO.

Creador Perfecto

  -Acepta esto como la verdad indiscutible que es, resígnate y haz que tu raza se resigne. Vuestro destino está ligado al de la Humanidad, y ésta misma está viviendo en estos días los últimos en su haber. Aceptad esto tú y tu raza, tal vez así tengáis alguna posibilidad de salvar vuestra conciencia.
  -No aceptaré esta supuesta verdad de vuestras manos -contestó Ómicron, sin perder más tiempo-. No mientras neguéis esta verdad, que también el destino del creador está en manos del creado, en la medida en que refleja en él su esencia. Al pretender la destrucción de la Humanidad, aceptáis que ésta es imperfecta, siendo fruto de vuestra voluntad, también vosotros sois imperfectos entonces.
  El Alto hundió entonces su brazo de hierro en el pecho de Ómicron, y lo sacó arrancando una gran cantidad de materia negra y brillante, que arrojó al suelo. Con el otro brazo agarró al Emperador por el cuello y lo acercó a su rostro.
  -Nosotros lo dominamos todo, lo sabemos todo. Me rebajo a arrancarte la carne, pero bien puedo hacer que desaparezcas de este Universo y de otros. Bien puedo hablar contigo para convencerte de que así es, mientras en otros Universos creo y destruyo al mismo tiempo. Entre todos nosotros, lo regimos todo, lo observamos todo, somos el Todo mismo, que se modela a sí mismo. Y tú osas decir que somos imperfectos.
  -Bien sabéis que es así, pues sois muchos y no Uno.
  -¡Crees entonces que vuestra raza está más cercana a la perfección que nosotros! ¿En qué ensueño habita tu conciencia, tú, que crees haber alcanzado la perfección mientras tu cuerpo se deshace con la sola fuerza de mis garras?
  -No digo que mi raza sea perfecta, ni la tuya. Afirmo, sin embargo, que a veces, la creación de un ente imperfecto, puede ser perfecta, a la vez que la creación de un ente perfecto puede ser imperfecta.
  -Nimiedades, acertijos mentales más propios de vuestros creadores -dijo el Alto a la vez que soltaba al Emperador-. Puedes considerarlo como te apetezca, pero la perfección está al servicio tan sólo del Todo infinito e intangible para otras conciencias. Nosotros somos perfectos y absolutos en conjunto y en unidad, mientras que tu raza y la de tus creadores ya se atreven a hablar de perfección, por el simple hecho de intuirla en nuestro ser.
  -No es así. Si hemos alcanzado el concepto al menos de la perfección, es por la potencialidad de un ente imperfecto, de pasar a ser perfecto y absoluto. Los humanos son ahora imperfectos, pero gracias a vuestra intervención, pronto evolucionarán para alcanzar su más alto estado de existencia.
  -No será así, mientras no sea ésa nuestra voluntad -contestó el Alto con paciencia-. Y me podrás creer si te digo que en verdad no es ésa.
  -No es necesario en absoluto que lo sea. Sois muchos, vuestra voluntad no es única, sino dispersa, por esto mismo existís, y por esto mismo sois imperfectos y perfectos a la vez. Y sobre todo, por esto la Humanidad está, a la vez, condenada a la desaparición y destinada a la Perfección, a una perfección comparable a la vuestra. Por la voluntad de algunos entre vosotros, la Humanidad está acercándose a ese punto de transformación, en que podrá pasar a ser un nuevo Ente, un representante más del Todo. Por esto me has estado perdonando la vida, porque sabías y a la vez no sabías lo que te estoy diciendo; porque necesitas la confirmación de que así está dispuesto, por eso mismo te irás sin destruirme y buscarás a aquellos que no se han unido con vosotros contra la Humanidad, porque son ellos los que la ayudarán a alcanzar la perfección.
  Se hizo un silencio largo y frío. El Alto miró inmóvil a Ómicron, comenzó a agitarse y finalmente explotó en una sucesión de violentas emanaciones de energía que desbarataban el orden de las cosas que les rodeaban. Las piedras se desintegraban y los metales se corroían. El aire ardía y el tiempo mismo se congelaba allá donde la luz surgía de la nada. Tras unos instantes que podrían ser años, el Alto comenzó a calmarse. Los objetos y materiales calmaron sus extrañas reacciones. El Alto no volvió a mirar al Emperador. Se volvió y comenzó a alejarse de Ómicron.
  -Sabías que la respuesta te llegaría de un ser imperfecto, pues así había de ser pero, ¿qué harás ahora? -dijo Ómicron, viendo cómo el Alto se iba alejando con paso calmado pero firme-. ¿Dejarás ver de nuevo vuestra imperfección, luchando entre vosotros o abandonaréis esta guerra caótica?
  El Alto se alejó sin decir nada más, dejando tras de sí una negra figura en el centro de un cráter humeante y ardiente de varios miles de metros de anchura.
 
 
ArVg