Fragmento (variar para) [Libro Segundo]

  Bajo la pálida luz solar, bajo el yermo suelo, bajo la gran Cámara de los Mitos, la Cámara del Libro, del Portal y de los Danya, la negrura, la oscuridad y el frío lo inundaban todo. Tan sólo un constante ruido, leve y terrible, contrastaba con el vacío. Un sonido que no era tal, tan sólo una presencia continua, una presión agobiante, eterna, negra. Bajo la sección conocida del Templo descansaban en la más profunda calma las Necrópolis, cámaras huecas, con forma de disco, más anchas por el centro, donde una gruesa torra intrincada y robusta conectaba una cámara con otra superior e inferior. Por todo el suelo de las Necrópolis, innumerables tumbas de piedra daban cobijo a millares de cadáveres humanos. La mayor parte de las tumbas estaban vacías.
  De diferentes puntos de todo el complejo, surgían decenas de túneles oscuros y retorcidos, que se extendían indefinidamente, profundizando en la negrura absoluta, o daban a un frío lecho de roca. Uno de los estrechos túneles, tras kilómetros de negro errar en las entrañas de la tierra, comunicaba directamente con el nivel más profundo de la Ciudad Dormida. Era el nivel el más grande de toda la Ciudad Dormida, y el más frío. En este nivel, por lo demás muy parecido al resto de niveles y a las Necrópolis del Templo, la Torre se veía sustituida por siete columnas gruesas como casas enteras. En la base de cada una de estas columnas, un receptáculo pequeño, cuya abertura miraba al centro del nivel, acogía en su seno una tumba de piedra, talladas y adornadas con complejas recreaciones míticas. Una tumba sellada para cada Danya.
  En el centro del nivel, una pirámide escalonada, de muros llanos, inclinados y grises, se alzaba ocupando gran parte del vacío dejado por las columnas. Cuatro largas escalinatas de piedra llegaban hasta la cúspide, coronada por una tumba más. Sobre aquel sarcófago de roca, un pequeño techado ligero y decorado sostenía cuatro altos estandartes. Para entonces, uno tan sólo conservaba en lo alto la negra tela tan esmeradamente creada. Ningún viento la agitaba, ningún hombre sobre la tierra conocía su significado, pero seis seres cadavéricos la contemplaban con calma y profundo respeto desde el frío suelo del nivel. A través de la más impenetrable de las oscuridades, decidieron avanzar hasta alcanzar la cima de la impresionante montaña artificial, para encontrarse allí ante la sagrada tumba de Teniam, el Neutral.
  Aguardaron allí, a muy pocos escalones de la cúspide, durante largo rato, hasta que al fin, a gran distancia sobre sus cabezas, el segundo eclipse marcó el principio del fin de la Humanidad. Un leve siseo fue haciéndose más y más poderoso, hasta inundar todo el nivel con su fuerza. Después, el ruido provocado por una maquinaria vasta y antigua hizo temblar los cimientos de toda la estructura. Un rugido bestial y grave dio paso rápidamente a la luz, que llenó todo el nivel con una fuerza inmensa. En todos los muros se abrían grandísimas grietas rectilíneas por las que una luz grisácea o azulada penetraba, iluminando un lugar que había permanecido oscuro durante milenios. En las columnas aparecieron finas grietas que formaban extraños dibujos y símbolos, por las que tambían salía la extraña luz. Ante los cadáveres andantes, la pequeña estructura construida sobre el sarcófago se elevó varios metros. Cuando las finas columnas dejaron de ascender, también la tumba de piedra se movió, desintegrándose en numeros fragmentos rectangulares que se plegaron y escondieron en alguna rendija, dejando a la luz una preciosa vasija de plata, sin ningún tipo de inscripción o imperfección. Su curva superficie reflejaba la creciente luz proveniente de todos los puntos del nivel. De dentro de la vasija se elevó un fino e indefinido humo blanquecino, que movido por una brisa imperceptible avanzó y posó su base sobre el yerto suelo. La nuube giró sobre sí misma a gran velocidad y se comprimió lo suficiente para presentar una leve forma humanoide, que extendió un indefinido y grueso apéndice hacia la copa de plata y la atrajo a su seno. En el interior del humo, la copa se fundió y formó, rápidamente, una maravillosa máscara, grave y sencilla, que se colocó después en la parte más alta de la coluna de humo. Después, el vaporoso ser, de más de dos metros de altura, se volvio para encarar su fría máscara, aún al rojo vivo, hacia los seis extraños que le contemplaban maravillados.
  -Aquí se encuentra, al fin -exclamó una voz desde el lejano suelo de la estancia-, el Señor de los Muertos.
  Los seis cadáveres se volvieron para ver, allá bajo ellos, al ser que les hablaba. Ómicron, portando una larga y espléndida capa de un rojo intenso y poderoso, rodeado de un mundo gris y frío, comenzó a ascender por la escalinata, a la vez que seguía hablando.
  -Admiradle y servidle bien, pues no hay hombre sobre la Tierra que tenga más autoridad que él. Teniam, Señor de la Muerte, ha regresado de entre la sombra.
  El ser de humo hizo un intento de adelantarse, pero toda su materia tembló y se encogió ante el esfuerzo. Inmediatamente, los seis cadáveres avanzaron sin dudarlo hacia el Emperador, que siguió subiendo con calma.
  -Sois grandes entre los muertos, vosotros que habéis venido a recibirle. O los más necios entre todos los muertos. Sabréis ya que Teniam no conoce un futuro en el que encaje la Vida, tal es la desolación absoluta del Futuro que propone. Si tenéis alguna otra aspiración para con vuestras almas, os habéis equivocado al venir aquí.
  Uno de los muertos paró tras unos segundos de duda. Los demás continuaron bajando a toda velocidad hacia Ómicron, empuñando largos hierros afilados.
  -Habéis elegido ya, pues -terminó Ómicron.
  De debajo de su imponente capa surgió un brazo negro y largo, con una mano abierta y delgada. Al insntante, los cinco cadáveres andantes se desintegraron, dejando que su fino polvo cayese al suelo con lentitud. Ómicron continuó subiendo. El sexto muerto comenzó a bajar las escaleras, pero cuando apenas dio dos pasos reventó, haciendo que trozos de su cuerpo se alejasen en todos las direcciones. Tras él, Teniam, momentáneamente fortalecido, adelantó varios pasos poco seguros. Dentro de su cuerpo de denso humo, se adivinaban varios huesos grises y fragmentados, que lentamente se fusionaban y crecían.
  -Tu poder crece rápidamente. No me opondré a ese proceso. Reúne todo el poder que puedas reunir, pues cuando el tercer eclipse marque la Fusión de los Mundos, si atacas a la Vida y a la Humanidad, nosotros seremos un enemigo más, uno particularmente poderoso.
  Teniam se adelantó aún más. Tras un breve y violento tambaleo, cayó al suelo, arrastrando una gran cantidad de polvo que tardó en caer. Tras varios espasmódicos movimientos, apoyó sus brazos sobre la piedra y terminó alzando su cuerpo sobre ella. Tras la máscara, decenas de fragmentos blanquecinos comenzaban a definir un cráneo. Teniam avanzó una vez más, ahora lenta y decididamente, comenzó a bajar la escalinata. Ómicron, con un rápido gesto, echó mano de su larga lanza y apuntó con ella a Teniam, parándose este en seco.
  -No intentes tocarme, no intentes atacarme, no intentes contactar con mi raza si no es para ofrecer tu rendición. Sólo he venido para avisarte de lo que ocurrirá cuando la Luna cubra el Sol por tercera vez -dijo Ómicron, con tono más grave y serio. Tras una prolongada pausa continuó-. Bienvenido al Mundo de los Vivos, Señor de los Muertos.
  Teniam, tras un instante de silencio y quietud, se agachó, extendiendo un brazo como un formal saludo y llevándose otro al pecho. De las profundidades de la Ciudad o de su propio ser surgió una voz suave, profunda, como la voz que tendrían las negras nubes que se avecinan a la mayor de las tormentas.
  -Bienvenido a la Muerte, Señor de las Máquinas.
  Volvió a alzarse y sólo tuvo tiempo de ver cómo Ómicron saltó desde el punto en que estaba, llegaba a una de las inmensas columnas y comenzaba a escalarla ágilmente, camino al pasadizo por el que había llegado a la estancia.
  -Bienvenido a la Muerte.

1 comentario »

  1. Dante Said:

    Mucho mejor que todos los que has colgado tal vez un poco mejor que el de la muerte de Jumiko.
    Termina.


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