Fragmento [Libro Segundo] (Danae)

  -Piensa en esto, Kana. Tras todas las acciones humanas existe una necia esperanza, una absurda necesidad de planificación, una voluntad de aprovechar el tiempo que nos pertenece, todo ligado a la única certeza, la certeza de que uno morirá, tarde o temprano. Yo te pregunto, ¿crees que podrás llevar una vida plena en ausencia de la muerte segura? -preguntó Él. Dio un hondo suspiro y se hizo un silencio prolongado pero no incómodo.
  Cuando Kana se volvió para contestarle, ya se había ido. Buscó con la mirada, pero sólo tuvo tiempo de ver una sombra deslizándose por la puerta. Ésta se cerró en silencio. Durante largo rato, contempló las sombras que se proyectaban sobre la puerta, repasando mentalmente la conversación. Había algo de cuanto había dicho Caronte que no le cuadraba, pero no llegaba a averiguar qué. Pronto sus pensamientos fueron vagando de un lugar a otro, hasta que cayó en la cuenta de que se sentía algo incómoda. No se atrevió a mirarla, ni a salir de la habitación, ni a acercársele. Permaneció allí, acurrucada, contemplando la fría puerta de metal y los reflejos de la pequeña llama del rincón.
  No pudo seguir ignorando su presencia cuando, tiempo después, se removió en su lecho. Automáticamente, Kana se volvió. El corazón se le paró cuando descubrió que ella la estaba mirando. De entre la gruesa manta y las sombras que la rodeaban, su mirada le llegaba clara e intensa.
  -Estás despierta -inquirió Kana con voz ahogada.
  -Sí. No puedo dormir -contestó Danae.
  -¿Estás mejor?
  -Digamos que… -comenzó Danae. Intentó cambiar de posición y su rostro se encogió de dolor un segundo-, dentro de poco podré ayudarte a cortar cabezas.
  -Los médicos han hecho un gran trabajo, pero no creo que debas salir otra vez, es demasiado peligroso.
  -Más peligroso sería no hacer nada y esperar a que lleguen hasta aquí -contestó, secamente-. No permaneceré entre sombras quejándome de mi convalecencia mientras vosotros os jugáis el pellejo porque podamos seguir respirando -Kana iba a interrumpir de nuevo, pero Danae la cortó-. Me dirás que soy demasiado importante, pero precisamente por eso os acompañaré, porque me han elegido como su líder. Como tal, no me permitiré el lujo de acompañarlos hasta la muerte, sino que evitaré que esta les alcance.
  Kana no pudo contestarle, por lo que calló. Un pesado silencio cayó entre ambas. De lejos, un amortiguado lamento, o grito, le devolvió a Kana a la realidad. Una ráfaga inexistente de aire frío le dio también conocimiento de que sus músculos estaban helados y entumecidos.
  -No seas estúpida, Kana -dijo de pronto Danae, justo detrás de ella. Kana se volvió. Casi podía verse reflejada en la oscuridad de los ojos verdes.- No tienes por qué protegerme, de nada en absoluto. Ni yo a ti. Pero que tengamos vidas independientes, eternas o autosuficientes no significa que no podamos coincidir en la misma habitación, ¿verdad?
  Los pensamientos de Kana comenzaron a fluir tan rápidamente que simplemente se saturó, dejó tras de sí un vacío absoluto y calló. De alguna forma que nunca podría explicar, en su mirada Danae pudo ver un fugaz pensamiento, una voluntad, una afirmación.
  -No quieras morir de frío en el suelo, entra conmigo -dijo finalmente Danae, con una mirada oscura, levantando ampliamente la manta. Bajo ella, otra manta de cálida negrura y un cuerpo desnudo, de suaves curvas, recibían a Kana.
  Rápidamente, sin mediar palabra, Kana se deshizo de toda su ropa fría y gris, y se introdujo en el lecho. Bajo el brusco cambio de temperatura, sus músculos se lo agradecieron y su piel comenzó a recobrar la sensibilidad. Sin pensárselo más, tendió sus brazos hacia el cuerpo de Danae, que le envió también los suyos. Se enterraron en la oscuridad de la manta y el calor de sus cuerpos, en silencio y sin moverse.
  Un hondo e intenso estado de calma invadió la mente de Kana, cuya respiración empezaba a acelerarse sin razón. Instintiva, lentamente, su cadera comenzó a moverse rítmicamente. Con una mano, notaba la fuerza del corazón de Danae, tan rápido como el suyo, tan rápido como sus movimientos. Con la otro, exploraba su cuerpo, buscando sin prisa pero ansiosa. Notó bajo sus dedos la aspereza de las dos cicatrices, la extrema suavidad de la piel de su espalda, la agradable textura de su largo cabello, el húmedo ardor de sus adentros. Danae, desesperada, acercó sus labios a una oreja, empezó a susurrarle varias palabras que no pudo oir, y comenzó también a retorcerse y recorrer todo el cansado cuerpo de Kana con todo su cuerpo, como si tratara de encontrar la postura en que la máxima superficie de piel la tocara, sin encontrarla. Una de sus manos se encontró con su cuello y lo recorrió como si tratara de cogerlo para sí. En medio del ordenado caos de brazos y piernas, comenzaron a vibrar, a exprimir las últimas fuerzas de sus cuerpos y a coordinar sus movimientos. La negrura, el calor, el tacto de la tela, de la piel, del pelo, de sus extraviadas lenguas o de sus encolerizadas entrepiernas se fueron apartando, para dejar paso al más absoluto y placentero vacío, que las alejó del tiempo y de la habitación. Sus mejillas, sus bocas, sus piernas, sus manos, se recorrían mutuamente a gran velocidad, mezclando sus sustancias, su calor. La cama, demasiado pequeña para sus aspiraciones, reventó y las expuso a un aire frío y despiadado, pero aquella otra realidad no hizo sino obligarlas a apretarse aún más, estrujando sus miembros hasta la última sacudida. Ahora con más espacio, sus cuerpos se extendían hacia arriba y hacia los lados, permitiendo que en sus movimientos casi alcanzasen el techo. Entre violentas sacudidas, ritmos extenuantes y hondos gemidos, sus fuerzas fueron extinguiéndose, su placer tendió al infinito y finalmente se desvaneció tras una capa de fría realidad. Lentamente, con suavidad, se recostaron de nuevo, se echaron la manta encima, se abrazaron firmemente bajo ella y se sumieron ambas en un largo sueño.
  Aquella vez, ni Teniam, ni oscuras criaturas, ni eternas maldiciones o guerras infinitas acudieron a la vulnerable mente de Kana. Sólo una sensación, un olor, un roce, indefinido y pleno. La oscuridad, cálida y protectora, arropó con sus brazos a Kana y Danae, mientras la luna negra extendía su dominio sobre las llanuras.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

5 comentarios »

  1. Lina Said:

    etc, etc??????????????te odio ¬¬ni porno ni ná buuuh…y desde cuando las puertas se cierran con zumbidos?? XD"mirada clara e intensa" me gusta, es como: "follamos?" juju me mola como empieza la cosa, aunque aun no te mojes a escribir relatos eroticos xD

  2. Xurtu Said:

    Lina, cállate. Q salvo lo del zumbido todo está bien. Me ha gustado Rafa. Pero debiaras ser más explícito, sacar un poco del animal q llevas dentro y demostrar q la imaginación en la cama sirve para escribir. Lina, vamos a dejarle que escriba la continuación.Besitos!!

  3. Lina Said:

    Simplemente perfecto, rafano podías haberlo hecho mejorte juro que se me han saltado las lágrimas ^^puff… no podías haberlo dicho mejor. mi más sincera enhorabuena🙂

  4. Xurtu Said:

    Ganial. Para ser algo que desconoces parece que lo has vivido desde dentro. MMmm genial

  5. Skarakol Said:

    "ordenado caos de brazos y piernas"Tan solo puedo emitir un leve pero profundo gemido al leer estas líneas. Decir más sería acabar con la magia.


{ RSS feed for comments on this post} · { TrackBack URI }

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: