Fragmento [Libro Primero] (Plan de Herón)

  Como había previsto, un ambiente de pasajero pesimismo dominaba la ciudad. El hecho de que el Portal Masivo Interplanetario del Imperio se hubiera convertido en algo cotidiano y normal, mientras el esperado Portal Cuántico Inter-Universal de la EC había terminado en rotundo fracaso, había socavado el ánimo de los ciudadanos. Además, no se había publicada ninguna imagen ni vídeo que representara el lugar después del accidente, por lo que al cabo de cierto tiempo las masas olvidarían el desastre sin más. Ni siquiera había fallecido más de un centenar de personas en total. Era una derrota psicológica tan sólo. A Herón no le importaba.
  A los tres meses, se vio dispuesto a ir a Siberia. Mandó preparar el Zur presidencial y antes de medianoche él y seis catanges se alejaban a toda velocidad de "La Capital". El viaje, más largo de lo esperado y sin sobresaltos, sirvió de descanso a Herón, que conversó tranquilamente con sus soldados acerca de las condiciones bajo las que trabajaban. Se convenció de que, de entre la masa de gente que habitaba "La Capital", los catanges eran los más afortunados en todo. Sus salarios eran excepcionales, sus turnos complejos y cambiantes no era para ellos ningún obstáculo. Ni siquiera podían quejarse de los peligros del oficio, que normalmente les proporcionaba el punto de emoción que muchos necesitaban esos días. Durante un momento, Herón se preguntó qué pensaría un alneida de su existencia, todas las reflexiones morales y filosóficas que podrían acompañar a una conversación con un alneida se le antojaron tan interesantes como aburridas. Decidió dejar las cosas como estaban al respecto, pues parecían ir bien.
  En ese momento, el Zur aminoró el avance notablemente. Al cabo de pocos minutos, la portilla se abrió y todos salieron a la cerrada noche. Un viento fortísimo arrastraba una espesa capa de aire gélido y nieve. Avanzaron entre la oscuridad, neutralizada tan sólo por la luz roja del interior del Zur y los haces de luz azul de las armas de los catanges. Después de unos cien metros, se encontraron de frente con un muro metálico, inmenso, resquebrajado y ennegrecido por algunas partes. Una puerta se abrió en medio de su superficie, a la altura del suelo. La luz blanca y un catange salieron del interior, dándoles la bienvenida.
 
  Podía notarlo. Ignoraba por completo si los demás lo sentían, no quería preguntarlo. Pero él sí. El latido, fuerte, firme, profundo, le infundía gran fuerza. Cada pulso le proporcionaba mil años de sabiduría, la energía de cien bombas de antimateria, la vida de todo Namur. Palpitante pero inmóvil, la oscura esfera les observaba desde el centro del lugar. Innumerables y puntiagudas cuchillas negras, dispuestas formando un complejo y bello patrón, les impedía acercarse más. Del interior de la áspera esfera, recubierta de estas extrañas formas, le llegaban y a la vez no, intensos pulsos de luz. Luz gris y polvorienta. El cómo podía sentir esto lo ignoraba. Lo que sí sabía desde un principio era que nadie podría conocer jamás que ocurrió exactamente en aquel lugar, ni qué escondía esa esfera. Estos altos conocimientos les estaba vedados a conciencias tan bajas como la humana. Herón estaba convencido. Apenas él comprendía parte lo que aquello significaba. Lo que sí debía era utilizar su poder, nada más.
  Miró a su alrededor. Arriba, un agujero de grandes dimensiones mostraba un cielo negro cuajado de estrellas. La noche, ahora calmada, proporcionaba amablemente la luz de las estrellas para iluminar un escenario antinatural e inquietante. Desde aquel punto, no se podía distinguir ninguna estructura humana, ni terrestre, siquiera. De registrar alguna imagen del lugar y publicarla en "La Capital", el público pensaría que se trataba de un rincón oculto de algún lejano planetoide. Se volvió hacia los catanges, tendidos en el suelo. Sus trajes, agrietados como telas raídas, dejaban entrever unos huesos ennegrecidos y quebradizos. Miró de nuevo la esfera, suspendida sobre una elegante columna de roca y agudas puntas negras. Satisfecho de lo que había creado, salió de lo que hace varios meses fue la Cámara Principal del Portal. Mientras el piloto elevaba el Zur Presidencial y lo encaminaba a "La Capital", Herón se preguntó cuál sería el siguiente paso.

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