[Libro Primero] (Bosque)

   De la densa calma de la oscuridad y el silencio comenzó a surgir
una difusa nube de luces y sonidos repartidos en el tiempo de forma
confusa. Sintió el tacto de unos dedos que le tomaban el pulso, también
el tambaleo del mundo a su alrededor cuando varios brazos lo movieron.
Tras la difusa secuencia de sucesos, se hizo de nuevo la oscuridad,
pero esta vez el rumor de su consciencia permaneció constante. Tiempo
después, despertó al fin.
  La reducida porción de realidad que veía y oía desde su estado de aturdimiento inicial dio un vuelco. Una ráfaga de luz roja y otra y otra. Una luz roja intermitente avisaba a los tripulantes del vehículo en que se encontraba de algún peligro. Olor a humo. Pronto lo vio. El humo, denso y gris, surgió de la nada e inundó sus pulmones con exagerada rabia. Momentos antes le había despertado una sacudida bestial. Era eso. Habían chocado con algo. La cuestión era quién había chocado con algo. Haciendo un gran esfuerzo, alzó su cabeza y recuperó la sensibilidad en sus miembros. Un extraño y ligero dispositivo unía sus muñecas con fuerza. Sus pies estaban libres. Se encontraba en el suelo de metal, en el rincón de un compartimento separado del resto del vehículo por una reja de acero. Junto a él, Jumiko se despertó de pronto, sobresaltada. Intentó decirle algo pero la confusión del momento le impidió formular palabra. Un hombre fornido y grave se acercó a la reja. Inconscientemente, Dominic relacionó todo su aspecto con la marcialidad del más modélico soldado que nunca hubiese podido ver en su vida anterior. El soldado, agobiado y con una sombra de miedo en su enjuto rostro, abrió deprisa la reja y estiró sus brazos hacia los prisioneros, instándoles a que salieran. Sin perder un sólo segundo, ambos se agarraron a sus gruesos brazos y salieron del lugar, tosiendo y trastabillando. Desde la cabina le llegó una voz clara y estridente, el piloto mencionaba una mina que había explotado por el camino desde la playa. Sorprendido al descubrir que estaban muy cerca de la playa en la que seguramente el módulo había acabado varando, Dominic no pudo evitar notar el extraño acento que usaba el piloto. Por cada diez palabras, Dominic desconocía una por completo. Atónito, intentando desgranar ese extraño nuevo dialecto, olvidó la urgencia de la situación.
  Otro soldado menos generoso, ataviado con un pesado traje de protección y una máscara antigas, se lo quitó de enmedio con una poderosa patada en el pecho. De repente, se vio fuera del vehículo, que había parado en algún momento anterior. Ninguna rueda, ninguna oruga, ningún mecanismo aparente arrastraba o deslizaba el vehículo por la tierra, pero no le dio importancia. El sonido de un extintor automático y el de un disparo se solaparon extrañamente. Dominic no supo lo que estaba pasando hasta que vio a los guerrilleros saliendo del denso bosque ante el que se encontraban. Portando variadas armas, pequeñas, grandes, rápidas o lentas, los bravos guerreros pronto rodearon el vehículo agonizante.

Hummmmmm arrggggg

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