Fragmento [Apéndices] (Muere Capitalismo, Nace Monstruo)

  La lluvía caía, pesada y gris, sobre las aceras tóxicas y el asfalto agrietado. El viento que el huracán mandaba arrancaba las grandes planchas de hierro con las que los tenderos habían intentado proteger los escaparates vacíos. Los seis coches negros y blindados se adentraron en la seguridad del recibidor de Titán, la sede de Enertech. El recio portón de hierro se cerró tras ellos, devolviendo el silencio al lugar. Un joven oficial salió al encuentro de la treintena de hombres trajeados que salió de los automóviles y los condujo al interior del edificio. Entre ellos estaba el Intendente de Recursos de la Administración, el General Heinrich. Con una gabardina negra y larga, señalaba diferentes departamentos o plantas y mandaba allí a los soldados que esperaban sus órdenes en el colosal vestíbulo de Titán. Cuando se quedaron solos sus veinticuatro guardaespaldas y una docena de soldados, los mandó a todos a acompañarle al nivel más profundo de la torre, donde les esperaba el Presidente.
  Aquel hombre dolido, gacho y vulnerable, que espasmódicamente se recolocaba las finas gafas y apartaba los débiles mechones de pelo gris del rostro cansado no paraba de increparles y de disculparse a la vez. El Presidente, les intentaba explicar mientras se recolocaba con angustia la bata sobre sus hombros, no había dicho a nadie adónde había ido, a nadie. Heinrich se mostraba indiferente, si el Presidente se había ido, sabía ya a ciencia cierta que Enertech se había hundido en la sombra, que sus secretos iban a ser expoliados y que arrastraría a todo el sistema capitalista consigo. El Presidente no pretendería levantar de nuevo la empresa, no llevaría consigo un par de artefactos extraños ni secretos financieros importantes, porque para recuperar su poder tendría que levantar de nuevo todo el sistema. Ya no importaba el Presidente, se decía Heinrich mientras sus pasos firmes le llevaban a la más profunda cámara acorazada, mientras la voz rota del científico y sus ojos llorosos se iban alejando más y más, a sus espaldas. Dejó a los soldados registrando las cámaras contiguas a la central y a los guardaespaldas custiodando la entrada a la cámara. Todas las barreras de seguridad levantadas, todos los permisos confirmados, todos los accesos permitidos, todos los sistemas activados y la seguridad muerta. El portón de medio metro de espesor se abrió con un intenso rugido, poniendo ante Heinrich un espacio cúbico pequeño, de superficies pulidas y potente luz blanca. En el centro, una estructura, un altar, una estrecha columna de hormigón y titanio, sustentaba en lo alto un pequeño cilindro que despedía intensos destellos metálicos. Heinrich lo cogió con cuidado y lo desenroscó. Con extraños sonidos, despidiendo pequeñas brumas de vapor blanco, surgieron tres cápsulas iguales, de cristal y acero. Las abrió de una en una ampujando de una palanca en miniatura, dentro del cilindro. Las boquillas de las cápsulas se abrieron con un tintineo. Por último, giró el cilindro, vertiendo el contenido de las cápsulas en su mango enguantada. Sólo salió de una de ellas, una irrisoria gota. La sustancia, acomodada entre las rugosidades del cuero, despedía un brillo irisado y pulsante, que iluminaba el guante, sus ojos y su alma. No se dejó llevar por la sensación de bienestar que la gota, no más que una gota formada por el rocío, le estaba infundiendo. Como pudo, la hizo regresar a su cápsula, volvió a cerrarlas todas y después el cilindro. Se guardó el artefacto en un bolsillo interior de la gabardinay salió de la cámara acorazada.
  De la misma forma en que debía sentirse el Presidente al huir de Enertech, Heinrich volvió a su automóvil. Calmado, pero completamente convencido de que una sóla gota no salvaría al Pacto de la destrucción total. Por un segundo, llegó a dudar que, de haber encontrado las tres gotas, o incluso diez gotas, pudiese el Pacto sobrevivir al embate que sus numerosos enemigos planeaban.

2 comentarios »

  1. Vote Said:

    Vaya pedazo de mierda que pones aquí últimamente chaval.

  2. Avaron Said:

    Pues te jodes, enano de mierda.


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