Archive for julio, 2009

Tan cercano el principio…

  Ómicron desapareció entre las sombras del acceso al nivel. Segundos después, una luz gris y pálida hacía destellar el polvo frío acumulado durante milenios, incrustado en los muros y amontonado en los rincones. Una serie de corrientes de aire agitó los pendones negros que aún quedaban en pie sobre el altar que coronaba la pirámide. Los cadáveres destrozados por Ómicron arrastraban sus fragmentos y vísceras secas por el suelo áspero, alzando miembros vaporosos hacia su señor. Teniam los ignoró y continuó descendiendo
Anuncios

Tan cercano el fin…

  Sus ojos se entornaron y contemplaron con calma el firmamento. Billones de máquinas dominadas por voluntades negras, miles de millones de astronaves humanas y demoníacas y alienígenas y arcanas, traídas de los confines de este universo y de otros, millones de titánicos fragmentos informes de planetoides y máquinas y seres descuartizados, miles de Entes provenientes del etéreo tejido del Multiverso que se nutrían de las almas y de los cuerpos y de los metales y de la luz, cientos de monumentales artefactos construidos con oscuros propósito, decenas de necrópolis que arrancaban sus raíces de la tierra y que alzaban sus cañones kilométricos hacia las estrellas. El Arcano también estaba allí, extendiendo una estela de sombras y de fuego negro y frío, acompañado del silencio mortal y de Ohm, cuyas emanaciones azules se derramaban ya sobre la ionosfera del agonizante planeta, provocando una serie de pulsos de luz cegadores.
  Dirigió su mirada abajo. Desde el borde del precipicio se podía admirar el espectáculo espeluznante y fatal que suponía el alzamiento de más y más máquinas de todos los tamaños y todas las formas desde las entrañas de la tierra. Agrietando su superficie, provocando terremotos colosales y rompiendo el aire a su paso, las Necrópolis avanzaban en el seno de tormentas eléctricas y nubes de enemigos destruidos. Los humanos, vivos y muertos, proporcionaban un continuo flujo de proyectiles y haces de luz ardiente desde la superficie, a través de destructores y ciudades escudo que querían mantener a baja altura a toda costa.
  Volvió a mirar arriba. El Arcano estaba justo sobre ella, acercándose rápidamente, quemando ya las capas altas de la atmósfera. A su lado, Ohm redirigía sus flujos hacia Él, provocando con cada pulso un nuevo pulso de oscuridad y de muerte que se extendía ahora como una onda a través de todas las dimensiones.
  Con lentitud, dejó caer la Lanza de Cristal, que se sostuvo vertical sobre el suelo. De entre sus vestiduras, sacó un bulto tapado con un paño de terciopelo negro. Cogiendo el bulto con ambas manos, lo alzó con fuerza y decisión hacia el Astro, que le devolvió una mirada negra y ávida. Un rugido de ira inundó las dimensiones y provocó una onda expansiva que apartó del Arcano todo aliado o enemigo o escombro. Dejando ver por un momento el brillo áureo y pálido de la estrella que se encontraba tras él, el Arcano atravesó al fin la atmósfera y provocó una esfera de luz y calor que arrasó todo lo que no había sido arrastrado por la onda expansiva. Un cono de calma y de protección, con cúspide en el objeto que la mujer sostenía en alto fue el único lugar que no sufrió la ira del dios estelar. El terciopelo ardió con rapidez y desapareció arrastrado por la corriente de plasma, a la vez que toda la ropa de la mujer. Intactos, su piel y el objeto deslumbrante y pesado brillaron con más fuerza aún que el fuego que había traído el Arcano. Un segundo rugido, más poderoso y más cáustico, hizo temblar los mismísimos cimientos del planeta. Ohm se había fusionado con su creador en el seno de otra esfera de luz y ahora el Arcano despedía rayos negros y blancos a la vez que numerosas nubes de plasma surcaban su superficie a gran velocidad.
  Kana, sujetando firmemente el Libro, que ardía con la fuerza de mil soles y brillaba con la intensidad de un millón, dedicó un sólo segundo a considerar en su mente lo que podría ser su último pensamiento antes del fin del universo que conocía. Más alta que ella misma, la mujer llevaba un pelo rojo más largo y más intenso, que caía con suma elegancia por la piel nívea de una una espalda fuerte. Sobre Danae, un objeto azul eléctrico era engullido por una nube gris y tormentosa. Los dedos de Danae se alejaban del Libro a la vez que éste se acercaba a la superficie helada del astro negro que amenazaba todo lo conocido. Kana abrió los ojos.