Tan cercano el principio…

  Ómicron desapareció entre las sombras del acceso al nivel. Segundos después, una luz gris y pálida hacía destellar el polvo frío acumulado durante milenios, incrustado en los muros y amontonado en los rincones. Una serie de corrientes de aire agitó los pendones negros que aún quedaban en pie sobre el altar que coronaba la pirámide. Los cadáveres destrozados por Ómicron arrastraban sus fragmentos y vísceras secas por el suelo áspero, alzando miembros vaporosos hacia su señor. Teniam los ignoró y continuó descendiendo

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