Adelante, adelante…

  -¡Drieder! -llamó el piloto -¡Pulso en 3 segundos!
  Drieder accionó un conmutador negro y todos los sistemas de la fragata se desconectaron. A través del estrecho ventanal de la cabina, del que habían desaparecido todas las consolas holográficas, pudieron ver cómo una serie de bellas olas concéntricas de destellos irisados barrían el cielo mientras numerosos y pequeños rayos que venían del centro  se estrellaban contra la tierra. Un instante después, accionó de nuevo el conmutador y la fragata despertó antes de que empezase a perder altura.
  -Cuarenta y cinco grados al norte -indicó Drieder.
  El piloto viró lentamente la pesada nave. Desde el casco les llegaban las fuertes vibraciones provocados por la repulsión de los propulsores.
  -Setecientos metros -dijo Drieder antes de mirar sobre su hombro al oficial que esperaba sentado juntoa  la puerta de la cabina-. Avísala.
  -Sí, señor.

  La puerta blindada se cerró tras ella. Inmediatamente, dejó caer su vestido al suelo de metal y se acercó, completamente desnuda, a uno de los pequeños niños cilíndricos que llenaban la pared que tenía a su derecha. En él, enganchado mediante un dispositivo electrónico a un sistema de mantenimiento y recarga, encontró un pesado y compacto objeto de una forma extraña, apenas del tamaño de una mochila. Allí mismo, hizo un par de rápidos ejercicios de calentamiento, estiró músculos y tendones, dedicó unos momentos a vacíar su mente y comenzó a respirar lenta y hondamente. Se colocó de espaldas al artefacto y dio varios pasos atrás hasta que su superficie almohadillada y repleta de sensores rozó la piel de su espalda repleta de pecas. Presionó con los hombros hacia atrás en las dos palancas que sobresalían de la cápsula. El artefacto comenzó a emitir intensos zumbidos mientras desplegaba una tensa y suave capa de tejido sintético a lo largo del cuerpo de la mujer. Después de cubrirla de arriba abajo con dos capas enteras de este tejido, entre las que se extendía una red de nanobots y cables, el artefacto desplegó también un denso y pesado blindaje recubierto en algunas partes por armadura plástica blanca. Tras terminar de tender por todo su cuerpo las placas de la armadura y numerosas correas y seguros y estuches, colocó alrededor del cuello un grueso aro de intrincados objetos. La mujer alzó dos pesados y torpes brazos para recogerse el pelo mientras la armadura cubría su cabeza con un gorro de tejido y varias capas sucesivas de metal. Por último, una máscara recia y repleta de dispositivos se acopló al yelmo. La oscuridad posterior duró apenas unos segundos, tras los cuales un mundo de luces y datos se encendió ante sus ojos a la vez que su consciencia era elevada a un grado superior gracias a la gran cantidad de sensores y artefactos dispersos por el traje. Un breve sonido de aire comprimido liberándose y la última conexión que mantenía el traje sujeto a la nave desapareció. Con un paso que se le antojó ligero, casi etéreo, avanzó hasta el centro de la sala. A través de las conexiones neurales del traje contactó con la nave y ordenó que abriese la escotilla. Una serie de líneas de luz por las que entraba a raudales viento rugiente se fueron ensanchando en el suelo hasta que se hizo un hueco rectangular ante ella lo suficientemente grande.
  Danae bajó la mirada al borroso suelo que corría bajo sus pies…

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