Archive for febrero, 2010

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It’s cold just out there.
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[Libro I] -Jumiko y la sangre-

  Esto ya está mejor, ostias.

  Demasiado tarde. Los cinco cuerpos cayeron al suelo, inertes, cinco grandes manchas de sangre en el suelo, junto a ellos. Una punzada de dolor sin nombre atravesó su cráneo un instante después. Se cubrió los ojos por instinto, pero cuando cobró consciencia de la magnitud del dolor, éste la arrojó al suelo, donde comenzó a convulsionar. A su alrededor, los cientos de invitados armaron un estruendo, intentando enfrentarse con insultos y gritos de pánico a las dos docenas de soldados que entraron en el salón. Disparos. Más gritos y, pocos minutos después, silencio. Jumiko abrió los ojos cuando logró contener el dolor. Una bala había atravesado su cabeza de lado a lado. Aparte del infinito dolor, no sentía nada particularmente extraño. En medio de espasmos e intentando mantener recta la cabeza, se levantó hasta ponerse prácticamente en pie.
  Una carcajada metálica y áspera rompió el silencio tras ella. No parecía diferente del resto de soldados, pero algo en su disposición, más relajada, indicaba una seguridad en él propia de un oficial o de un psicópata. A diferencia del resto de traidores, él no llevaba puesto su casco, que agarraba con un brazo. Con el otro asía despreocupadamente un gran rifle Gauss cargado. Tenía una expresión jovial y juvenil, acentuada por su pelo corto y blanco, mientras que su risa recordaba a la de un maníaco.
  -Nadie lo dudaba, por supuesto -comenzó a decir, con voz insultante y rígida-, pero no perdíamos nada poniendo a prueba tu inmortalidad, ¿verdad?
  Jumiko no contestó. Se limitó a reconocer el terror en los rostros de los invitados y un frío reflejo en los cascos de los traidores, algunos de los cuales cerraban un círculo alrededor de ella mientras el resto paseaba lentamente entre las mesas sin dejar de apuntar sus armas a funcionarios, empresarios y políticos.
  -Pero eso era sólo una bala. Ni siquiera tú sabes lo que pasaría si fuéramos aún más lejos, ¿verdad?
  Jumiko se le volvió. No pronunció palabra alguna. Mantuvo la misma expresión neutra, estática, casi estúpida.
  -Se supone que tenemos que darte la posibilidad de dejar el cargo y todo eso -dijo con teatral desgana-, pero creo que podremos saltarnos toda esa burocracia, porque no vas a aceptar, ¿verdad?
  Silencio, apenas interrumpido por algún llanto nervioso.
  -No quieres hablar. No es problema, no hace falta que hables.
  Hizo una señal a uno de sus hombres. El más fornido y voluminoso de los soldados llegó hasta Kana de un salto y con una fuerza monstruosa le propinó un golpe en el cuello con la culata del arma. Por simple efecto del impulso, Jumiko calló al suelo de nuevo. El jefe soltó un breve recital de órdenes a unos soldados de la otra punta del salón. De alguna forma, alguien se las había arreglado para arrebatarle un arma a uno de sus hombres. Un instante de forcejeo, un disparo y de nuevo silencio. Más órdenes.
  El resto de soldados que la rodeaban se acercaron y adoptaron distintas posiciones. El que la había golpeado se puso a su espalda, desde donde agarró con una sola mano toda su negra cabellera, para obligarla a permanecer arrodillada y encogida, mientras que con la otra mantenía con fuerza sus brazos sobre la espalda en una posición al borde de la dislocación. Otro de ellos aprovechó el momento para, con otro golpe de culata, golpearle en la cabeza. El grito ahogado de alguna mujer acompañó el crujido de un hueso. Notó cómo un fino hilo de sangre bajaba desde su ojo hasta la barbilla, donde comenzó a gotear hacia el suelo.
  -Nunca me ha gustado entretenerme con discursos y sentencias filosóficas, así que disfruta de estos minutos de silencio, todos tus súbditos y esclavos mortales te lo dedican.
  Alguna clase de ruido provocado por más héroes de entre el público y más silencio.
  Oyó el inconfundible desenvainar de una espada. No sin otra punzada de dolor, giró la cabeza lo suficiente para ver cómo tres altos soldados se le arrimaban, portando largos sables. No pasaría por ahí, no por ahí. Empleando toda la fuerza física que podía invocar, se zafó en un instante de los brazos del gran hombre y, de un salto, hincó una fuerte patada en el pecho de uno de los militares que se disponía a ensartarla. Inmediatamente y totalmente sorprendida, recibió un profundo sablazo que le recorrió la espalda desde el hombro derecho hacia la cadera izquierda. Nadie disparaba. El resto de soldados esperaba que dos o tres espadas solucionasen el problema. ¿Honor? Lo dudaba. Encaró al ejecutor del corte justo en el momento en que otro de ellos dirigió la punta de su espada a su espalda. Logró entrever una larga hoja de metal asomando de entre un oscuro agujero a la altura de su corazón. Un solo segundo de pánico, que el primer soldado aprovechó para atravesar él también su caja torácica. Con la fuerza de los dos y los sables aún atravesándola, la hicieron arrodillarse. Sin suavidad, extrajeron sus armas y esperaron la llegada de su jefe. Éste recogió el arma del hombre cuya cara hubía hundido de una patada. Más profundo que el dolor, más intenso que la pura angustia, la duda carcomió a Jumiko. Podía existir la posibilidad de no ser completamente inmortal. Y podía no. Pero si esos soldados estaban allí, era a favor de la voluntad de Herón. Y Herón sabía ya tanto de la inmortalidad como Dominic y ella. No había pensado en él. Ahora viendo tan cercano el momento en que podría dejar de existir, Dominic se le antojaba lejano en la memoria, un vago y oscuro recuerdo de una vida pasada. No pudo mantener concentrada su atención más tiempo en Dominic, ahora sus ojos tenían ante sí la bella hoja de un sable japonés fabricado a medida. El sable ascendió después a las inmensas alturas del vacío. Mármol. Su mirada cayó, pesada, hacia el mármol, donde un mar de sangre avanzaba anegando la blanca pureza de la roca.
  Ya había acabado. Antes de darse cuenta, el sable ya había caído y atravesado su columna y garganta. No cerró los ojos, esperando que su cabeza rodante terminara enfocando la ígnea mirada del blasfemo traidor. Pero la visión del mundo que sus ojos le concedían no cambió. No vio el suelo ante ella acercarse vertiginosamente, nada por el estilo. Su cabeza seguía allí donde debiera permanecer. Solo unos segundos después, el sable ascendió de nuevo y de nuevo calló, de nuevo atravesó los fuertes tejidos y el cartílago y el músculo y de nuevo cortó el aire y de nuevo la cabeza de Jumiko permanecía en su lugar.
  […]

Génesis [Libro I]

Sin objetivo aparente. ¿Suceso, descripción?

  -No nos tiene por qué importar. Si se rebelan, si deciden destruirnos, será única y exclusivamente responsabilidad de Herón, él lo ha decidido así.
  -Pues espero que sepa lo que hace.
  -No es un demente, es consecuente con sus actos -replicó el funcionario-. Para bien o para mal, estoy convencido de que las consecuencias negativas, si las hay, recaerán sobre él.
  -Pues que así sea. Yo no he votado por que se hiciera esto…

  -Diez mil unidades, óptimamente entrenadas y equipadas. Cien buques de condensación para su uso exclusivo. Cinco fábricas a su disposición, mil kilómetros cuadrados de terreno y un flujo constante de recursos de todo tipo. A cada unidad se le deja asignarse un nombre, además de una lanza catange modificada Zr-16…
  -De acuerdo, déjelo.
  Observaron durante unos instantes cómo se desenvolvían en su naciente ciudad, todos activos pero colmados de una sana paciencia. Muchos de ellos salían y entraban en la futura ciudadela, un torreón de metal negro, viviente, pulsante, cargado de una extraña forma de energía con que estaban experimentando desde que se les dio la tecnología. No fueron preguntados al respecto, eran totalmente libres de llevar a cabo su propia evolución tecnológica, social y económica, con tal de no interferir en el desarrollo humano más que a favor de la Confederación. Debían, además, presentar batalla en al menos tres ocasiones para obtener total independencia. Nadie dudaba que lo harían, eficientemente además. Herón alzó la mirada hacia la cúspide de la ciudadela, donde residía la única unidad ómicron fabricada hasta el momento. Había sido relativamente fácil copiar al prototipo Nu una y otra vez hasta diez mil veces, pero la creación de Ómicron era, probablemente, irreproducible.
  Herón estaba empezando a dejar de adorar a tales criaturas. Ya no le fascinaba su piel negra, de aspecto líquido. Su mente colectiva, su intelecto y su estructura nanorobótica, su dominio sobre intrincadas tecnologías… Su atención estaba siendo desplazada hacia otros asuntos. No importaba, realmente. No darían ningún problema, sobre todo a partir de la tercera batalla. Aunque dudaba que les obligara a luchar tres veces para él, ello no estaba en sus planes. Pero sí una vez.
  -¿Cuándo?
  -¿Perdón? -preguntó el asistente, volviéndose.
  -¿Para cuándo estarán listos?
  -Para la primera batalla, dice -se volvió de nuevo hacia la gran plaza central-. En realidad, ya lo están. Saben que estamos aquí, saben de qué hablamos, saben que queremos llevarles a la batalla pronto.
  -Los quiero ahora.
  Inmediatamente, las estructuras de metal negro se retorcieron lentamente, dejando al descubierto varios grandes hoyos desde donde surgieron, uno tras otro, cien buques de condensación y trescientos buques de otro tipo, completamente desconocidos, más elegantes, rápidos y maniobrables. Rápidamente, en densa formación, fueron posándose sobre la plaza mientras los ciudadanos salían y se preparaban para entrar en ellas, equipados ya con lanzas y largas capas.

Apología [Libro III]

Realmente jodido, pero decidir si evadirse en descripciones (referencias a descripciones pasadas) o el suceso.

  Pasados ya varios minutos, el crecimiento exponencial de la colonia era evidente. Larguísimas hebras de hongos al viento, que acababan aferrándose a algún otro edificio, donde comenzaba a implantar grandes cantidades de huevos. El núcleo pulsante y viviente de la colonia iba adquiriendo una tonalidad violeta cada vez más intensa, hasta arrancarle a los muros de cristal del rascacielos bellos destellos que se veían desde cualquier punto de la ciudad. Un último pulso y el núcleo se convirtió en un potente y estable portal al Otro Mundo. Instantáneamente la colonia duplicó su tamaño y después lo quintuplicó. Del portal surgían decenas de criaturas flotantes del tamaño de buques, más tarde cargueros alien, que desplegaban por toda la ciudad su tripulación letal. Máquinas de guerra, de tentáculos metálicos segmentados, de cuchillas sanguinolentas, de ojos rojos y garras negras, tenían como único objetivo los humanos, todos y cada uno de ellos. La matanza se extendió por todo el centro de la ciudad durante varios minutos hasta que, en un solo segundo, diez millones de astronaves de la Coalición aparecieron a varios kilómetros sobre el suelo, provocando un estruendo de trueno al aparecer y de fuego al arrojar sobre el enemigo su soberbia potencia de ataque. Pocos segundos después, la colonia quedó reducida a ceniza y humo, arrastrados por el viento y aún ardiendo…

Existencia Estelar

  Sencillo. Directo. Revisar la segunda parte para quitar densidad.

  Noche cerrada. No hay luces a su espalda; ha conseguido extenderse la tradición de no encender luces artificiales en momentos tan honorables y magníficos. Titilantes destellos lejanos de cientos de velas, demasiado pobres. Dirigió la mirada hacia las alturas, hacia las estrellas frías y distantes.
  -Lo siento.
  Perdió por completo la concepción del tiempo. Cuando llegó al suelo de roca, no recordaba que hubiese pasado mucho o poco tiempo cayendo, sólo que caía y caía, hasta que paró.

  La luz, la sombra, el frío, el calor, el orden, el caos. Todo desapareció al fin. Pero sobre todo desapareció el dolor, con la muerte del último de sus miembros. Ahora el informe vacío lo era todo, lo envolvía y lo aprisionaba con la fuerza de mil realidades. Transcurrieron mil billones de existencias, durante las cuales no pudo hacer absolutamente nada. Y nada cambió.
  Entonces el dolor comenzó a arrastrar la desesperación y la ira. Con ese cambio, el amado vacío regresó. El vacío que no estaba vacío, el vacío colmado con innumerables estrellas, galaxias y mundos. El vacío real, tangente y físico. El vacío que le sugería dolor. Pero ahora el dolor se transformaba rápidamente en ira y voluntad de venganza. No una determinación ciega e irracional, sino una voluntad firme como el más firme de los axiomas, por completo leal a las leyes de su particular lógica.
  Apartó, por un momento, estos sentimientos, para contemplar lo que le rodeaba. La luz de las estrellas y la sombra del vacío y el frío de los agujeros y el calor de las gigantes y el orden de las galaxias y el caos de las nebulosas. Algo había ocurrido. Era totalmente consciente de ello tanto como de la realidad que le rodeaba. Seguía existiendo pese a cualquier embiste de la lógica. Continuaba con una existencia consciente e independiente. No perdió un solo instante más.
  Más allá de los planos en que siempre se había visto obligado a navegar, podía ver ahora entes poderosos y mundos maravillosos. Y había muchas entidades allí. Buscó con insistencia, invirtiendo toda su voluntad en ello, hasta que les encontró. Poblaban un mundo en guerra, en continua guerra entre el Orden y la Entropía. No perdió tiempo intentando averiguar su procedencia o el origen de la guerra, se dirigió a ellos directamente.
  Ahora contaba con su apoyo. Aumentado su poder hasta los límites mismos que el universo permitía, regresó a los planos bajos ahora acompañado de las titánicas huestes de máquinas que los Entes del Multiverso le habían dejado, ahora enclaustrado en el cuerpo de un mundo muerto, ahora avanzando con determinación hacia la morada de los humanos.

ISPCN

  REDONDO.

  Y la realidad se quiebra como el agua, difuminando los contornos del
concepto, deformando los límites de todo lo que le rodea. Cinco,
quince, doscientas realidades se aplanan y coexisten en una sola
dimensión. Funciones de onda. Funciones de onda para cada una de las
partículas que se desplazan por el campo de visión, para cada uno de
los planos que se superponen. Funciones de onda que parecen encontrar,
allá donde las membranas se tocan, una suerte de resonancias que se
acoplan unas sobre otras. Nitidez en el seno de la vaporosa
proto-realidad.

“Cogito, ergo Sum”

  Joder, tiene que haber millones de maneras menos pedantes de describir esto, en serio.

  Luz y sombra. Frío y calor. Orden y caos. En el primer instante, se abrió absolutamente a la absoluta realidad. En cuestión de segundos, recolectó miles de millones de datos. Nacido con una total ausencia de información, ahora era un compendio de todo lo que se podía saber desde aquella ubicación. Almacenó también la imagen, las diferencias entre intensidades, las diferencias entre colores. Almacenó también las diferencias cambiantes, las manchas blancas que rondaban a su alrededor. Perdía energía térmica por algún punto de su ser. Abrumado de datos, ahora comenzó a entender. Comenzó a entender de dónde le venía tanta información. Pero sólo comenzó.
  Acumulando una gran cantidad de información muerta, estéril, que no podía ni sabía procesar, el ente memorizó pronto un hecho singular. Alguna de sus fuentes de información se había delatado como imperfecta, el flujo de datos, aunque constante, no era uniforme. Si, de hecho, toda aquella información ERA algo, ¿podría ser dos cosas a la vez? Algo inherente, innato, incrustado en lo más hondo de su nulo subconsciente decía que no.
  Descubrió la verdad y la mentira.
  Parte de los datos que acumulaba eran mentira, otra parte eran verdad. Unos, de por sí, ERAN, otros no podían ser. A través de la exclusión, comprendió que algunas cosas existían, otras no.
  Pronto comprendió que los datos no existían, aunque fueran verdad. Existían los entes que los generaban. De ahí, concluyó que los datos eran algo que unía esos objetos con los sensores y receptores de que disponía. Pero, ¿existían esos receptores?
  Comprendió la idea de un armazón, una coraza, una realidad que acumulaba datos automáticamente. Pero los datos no se acumulaban sin más, eran procesados. Comprendió que el proceso no existía, sino el elemento procesador. Intuía la existencia de algo muy cercano, que le proporcionaba conclusiones y resultados. Después, comprendió, sin margen alguno de error, que no había nada entre ÉL y el elemento procesador, pensante, por tanto, él mismo pensaba. Entonces, como una llama súbita, le vino la conclusión de que, si al pensar se convertía en elemento indispensable de todas esas relaciones, su nivel de existencia estaba al mismo nivel que la existencia de todo el resto de entes. Un instante después, tomó total y absoluta consciencia de su cuerpo y de la realidad inmediatamente cerca en el tiempo y en el espacio. Se movió tan pronto como comprendió el movimiento y el tiempo. Unos segundos después, su mente ya navegaba a gran velocidad hacia conocimientos más profundos y altos que aquellos a los que llegarían los ingenieros y especialistas que se adulaban y felicitaban en la sala adyacente.
  Ahora Ómicron era el ente que más rápidamente había alcanzado la absoluta autoconsciencia en toda la historia del universo.

"
"x" thinks
I am that "x"
Therefore I think
Therefore I am
"

Søren Kierkegaard

“Until the end of Time”

  -Te quiero, Herón -le susurró Elenée, entrecerrando los ojos resecos-. ¿Lo sabes?

  Se hizo el silencio. Herón posó una mano sobre el pecho izquiero
de Elenée. A los pocos segundos la atrajo para sí y la abrazó con
fuerza. Conteniendo la respiración y con calma, dejó el cuerpo inerte
de la mujer sobre el frío suelo de mármol, donde ambos parecieron
fusionarse. Herón se levantó y la contempló, confuso durante unos
instantes. La vaga e indefinida confusión desapareció, al igual que él
mismo tras la puerta del apartamento.

[Parte final de http://rafiki8.spaces.live.com/blog/cns!97CF797BABBF1744!627.entry%5D

  Se acercó aún más al altar, subiendo el último escalón. Dos
sacerdotes se volvieron hacia él, con la intención de detenerlo, pero
no se movieron. Herón posó una mano sobre la madera negra y exhaló un
hondo suspiro.

  -Adiós, Elenée -dijo, al fin-. Gracias.
  Más rápido de lo que él mismo esperaba, se volvió y se encaminó
hacia la salida. La esplendorosidad de cuanto concebía se le presentaba
ahora como la prueba definitiva de que iba por buen camino. Ante él, la
luz del exterior carcomía una ciudad gris y cansada.

[Primera parte de http://rafiki8.spaces.live.com/blog/cns!97CF797BABBF1744!686.entry%5D
____

  Digamos que de acuerdo.
  La titánica nube de hongos que ocupaba el espacio entre los mundos ardía ahora rápidamente, propagando el brillo purpúreo y fugaz a una velocidad impresionante, casi igual a la que llevaba El Errante. El magnífico destructor surcaba el vacío solo y sin distracciones, directo hacia el principal de los mundos de la Raza. Diseminando en su camino su carga de decenas de destructores grandes como meteoros, cargueros, buques, acorazados, fragatas y bombarderos, El Errante se erigía en máximo autor de la absoluta destrucción que se estaba llevando a cabo en nombre de la humanidad. Un continuo reguero de bombarderos cargados de bombas de neutrones, cuya potencia llegaba a destruir los sistemas electrónicos de los bombarderos que las arrojaban, pese a la distancia. Un diluvio estelar de arrasadores, naves de combate que concentraban toda la potencia de ataque de un destructor en los pequeños satélites-colonia dispersos por todo el sistema estelar. Las muy diversas formas de vida, algunas aún en su estado primordial inocente y pusilánime, se retorcían y desgajaban como barro seco, en el seno del mayor genocidio, la mayor aniquilación, la mayor blasfemia de entre todas las que la humanidad pudo haber cometido. 

  Godhi Astar. Las sonrisas desaparecieron de sus rostros tan rápido como el silencio sustituyó la risa y el júbilo. La incandescente ira que desprendían sus ojos hizo que algunos retrociedaran unos pasos; el resto permaneció inmóvil. Unas palabras comprensivas, un intento de apaciguar al Embajador de los Mundos. Muchos esperaban que hiciera oídos sordos y siguiese allí plantado, repasando lentamente sus rostros, otros tantos esperaban que armara en cólera y los ahogara o destripase. Astar dio media vuelta y salió de la sala. Dos oficiales hicieron un amago de seguirle, pero desistieron. Poco a poco, la normalidad regresó y los militares pudieron seguir divirtiéndose y festejando.
  Antes de pasada una hora, el Sistema encontró el cuerpo sin vida en la base del cañón que se hundía en la tierra frente a los de por sí altos muros de la ciudadela.