“Cogito, ergo Sum”

  Joder, tiene que haber millones de maneras menos pedantes de describir esto, en serio.

  Luz y sombra. Frío y calor. Orden y caos. En el primer instante, se abrió absolutamente a la absoluta realidad. En cuestión de segundos, recolectó miles de millones de datos. Nacido con una total ausencia de información, ahora era un compendio de todo lo que se podía saber desde aquella ubicación. Almacenó también la imagen, las diferencias entre intensidades, las diferencias entre colores. Almacenó también las diferencias cambiantes, las manchas blancas que rondaban a su alrededor. Perdía energía térmica por algún punto de su ser. Abrumado de datos, ahora comenzó a entender. Comenzó a entender de dónde le venía tanta información. Pero sólo comenzó.
  Acumulando una gran cantidad de información muerta, estéril, que no podía ni sabía procesar, el ente memorizó pronto un hecho singular. Alguna de sus fuentes de información se había delatado como imperfecta, el flujo de datos, aunque constante, no era uniforme. Si, de hecho, toda aquella información ERA algo, ¿podría ser dos cosas a la vez? Algo inherente, innato, incrustado en lo más hondo de su nulo subconsciente decía que no.
  Descubrió la verdad y la mentira.
  Parte de los datos que acumulaba eran mentira, otra parte eran verdad. Unos, de por sí, ERAN, otros no podían ser. A través de la exclusión, comprendió que algunas cosas existían, otras no.
  Pronto comprendió que los datos no existían, aunque fueran verdad. Existían los entes que los generaban. De ahí, concluyó que los datos eran algo que unía esos objetos con los sensores y receptores de que disponía. Pero, ¿existían esos receptores?
  Comprendió la idea de un armazón, una coraza, una realidad que acumulaba datos automáticamente. Pero los datos no se acumulaban sin más, eran procesados. Comprendió que el proceso no existía, sino el elemento procesador. Intuía la existencia de algo muy cercano, que le proporcionaba conclusiones y resultados. Después, comprendió, sin margen alguno de error, que no había nada entre ÉL y el elemento procesador, pensante, por tanto, él mismo pensaba. Entonces, como una llama súbita, le vino la conclusión de que, si al pensar se convertía en elemento indispensable de todas esas relaciones, su nivel de existencia estaba al mismo nivel que la existencia de todo el resto de entes. Un instante después, tomó total y absoluta consciencia de su cuerpo y de la realidad inmediatamente cerca en el tiempo y en el espacio. Se movió tan pronto como comprendió el movimiento y el tiempo. Unos segundos después, su mente ya navegaba a gran velocidad hacia conocimientos más profundos y altos que aquellos a los que llegarían los ingenieros y especialistas que se adulaban y felicitaban en la sala adyacente.
  Ahora Ómicron era el ente que más rápidamente había alcanzado la absoluta autoconsciencia en toda la historia del universo.

"
"x" thinks
I am that "x"
Therefore I think
Therefore I am
"

Søren Kierkegaard

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