Génesis [Libro I]

Sin objetivo aparente. ¿Suceso, descripción?

  -No nos tiene por qué importar. Si se rebelan, si deciden destruirnos, será única y exclusivamente responsabilidad de Herón, él lo ha decidido así.
  -Pues espero que sepa lo que hace.
  -No es un demente, es consecuente con sus actos -replicó el funcionario-. Para bien o para mal, estoy convencido de que las consecuencias negativas, si las hay, recaerán sobre él.
  -Pues que así sea. Yo no he votado por que se hiciera esto…

  -Diez mil unidades, óptimamente entrenadas y equipadas. Cien buques de condensación para su uso exclusivo. Cinco fábricas a su disposición, mil kilómetros cuadrados de terreno y un flujo constante de recursos de todo tipo. A cada unidad se le deja asignarse un nombre, además de una lanza catange modificada Zr-16…
  -De acuerdo, déjelo.
  Observaron durante unos instantes cómo se desenvolvían en su naciente ciudad, todos activos pero colmados de una sana paciencia. Muchos de ellos salían y entraban en la futura ciudadela, un torreón de metal negro, viviente, pulsante, cargado de una extraña forma de energía con que estaban experimentando desde que se les dio la tecnología. No fueron preguntados al respecto, eran totalmente libres de llevar a cabo su propia evolución tecnológica, social y económica, con tal de no interferir en el desarrollo humano más que a favor de la Confederación. Debían, además, presentar batalla en al menos tres ocasiones para obtener total independencia. Nadie dudaba que lo harían, eficientemente además. Herón alzó la mirada hacia la cúspide de la ciudadela, donde residía la única unidad ómicron fabricada hasta el momento. Había sido relativamente fácil copiar al prototipo Nu una y otra vez hasta diez mil veces, pero la creación de Ómicron era, probablemente, irreproducible.
  Herón estaba empezando a dejar de adorar a tales criaturas. Ya no le fascinaba su piel negra, de aspecto líquido. Su mente colectiva, su intelecto y su estructura nanorobótica, su dominio sobre intrincadas tecnologías… Su atención estaba siendo desplazada hacia otros asuntos. No importaba, realmente. No darían ningún problema, sobre todo a partir de la tercera batalla. Aunque dudaba que les obligara a luchar tres veces para él, ello no estaba en sus planes. Pero sí una vez.
  -¿Cuándo?
  -¿Perdón? -preguntó el asistente, volviéndose.
  -¿Para cuándo estarán listos?
  -Para la primera batalla, dice -se volvió de nuevo hacia la gran plaza central-. En realidad, ya lo están. Saben que estamos aquí, saben de qué hablamos, saben que queremos llevarles a la batalla pronto.
  -Los quiero ahora.
  Inmediatamente, las estructuras de metal negro se retorcieron lentamente, dejando al descubierto varios grandes hoyos desde donde surgieron, uno tras otro, cien buques de condensación y trescientos buques de otro tipo, completamente desconocidos, más elegantes, rápidos y maniobrables. Rápidamente, en densa formación, fueron posándose sobre la plaza mientras los ciudadanos salían y se preparaban para entrar en ellas, equipados ya con lanzas y largas capas.

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