Red Dawn – I

  Desbordado por el dolor, se apretó la cabeza entre las manos a la vez que trataba de sacar de su mente toda la escoria que la inundaba. Luces, sombras, hierba, sangre, ojos, manos, seda, sábanas… Como una espada, el dolor le atravesó finalmente y le hizo gritar. Sin poderlo evitar, el recuerdo le inundó como el mar anega la orilla. Más allá de lo que había pensado, no había justificación en lo que había hecho, ni posible redención. Tragó y también tragó el suplicio, el tormento y la condena. Arrastrando su penoso cuerpo, se alejó de aquellas tierras como las malas nubes de tormenta desaparecen cuando han hecho demasiado daño.

  Se sentía cansado, sucio, harapiento, pero la profunda apatía en que la desesperación lo había sumido le ordenaba seguir adelante, siempre hacia el nacimiento del sol, siempre hacia el Este, frente al viento duro y frío o descarnado y ardiente. Las dunas se sucedían una tras otra como las infinitas olas de un océano de sangre en una pesadilla. Pasos erráticos que no le alejaban de la línea recta que pretendía sacarlo del desierto y un cansancio que debilitaba incluso su autoconsciencia.

  Intentó protegerse los ojos con las manos y después con un harapo. Intentó aminorar el ritmo, pensó en marchar al noreste al amanecer y al sureste al atardecer. Le costaba aún más conciliar el sueño. Con la caída del sol, un reguero de energía inundaba su corazón, dándole fuerza para resistir la embestida del frío y la dureza de la oscuridad.bajo las estrellas. Con la salida del sol, ahora, el cansancio ahondaba como un dardo en una herida sin cerrar. Al fin se decidió a viajar sólo de noche.

  Se sentía seguro en aquel lugar, rodeado tan solo de roca dura y cubierto por el mismo cielo puro que el desierto. Reconoció inmediatamente el color de la roca como el de la sangre. Inconscientemente, olfateó el aire en busca de algo. Sangre. En algunos puntos, la roca áspera exudaba sangre que volvía a penetrar en las grietas. Desesperado, se arrojó al suelo, donde comenzó a lamer la sucia superficie. Sentía dentro de sí el corazón desbocado y anhelante. Arañando ahora la piedra con las manos, hizo brotar pequeños chorros de sangre al aire del alba. En la distancia, sobre un horizonte de roca, la sangre tiñió también el cielo, inundándolo de luz y de fuego. Cuando el penetrante azul sustituyó al rojo, saciado, se retiró a una cueva cercana, incrustada entre riscos afilados, donde durmió hasta la puesta del sol.

  -Nos habéis malinterpretado, ahora y siempre -dijo mientras bajaba la copa hasta el mantel-. Puedo estar equivocado, pero le hablaré francamente, según lo que creo y lo que he podido averiguar, esperando no ofenderle.
  -No tengo miedo de la verdad ni desconfío de su palabra, si es lo que quiere decir -contestó el interlocutor-. No le juzgaré por sus palabras.
  -Juzgue lo que quiera. Los nigromantes mismos se juzgan a sí mismos como estudiosos de la energía de la vida y de la muerte, pero lo cierto es que pretenden controlar ambas realidades desde la perspectiva de la muerte, de la oscuridad, de la negación misma de la vida. Algunos de entre vosotros también pretende dar a sus conocimientos cierta tendencia unificadora afirmando que conocen también la esencia de la muerte y su manipulación, cuando realmente son más incapaces aún de conocer esta esencia que los nigromantes de tratar con la energía de la vida. Al fin y al cabo, los nigromantes, en cierta medida, están más vivos que muertos.
  -Pero estamos hablando de la sangre…
  -Por supuesto, no se impaciente. Le comento esto porque considero que estas dos corrientes son opuestas, complementarias y totalmente diferentes entre sí y respecto a la vía de la sangre. Nos habéis colocado junto a los nigromantes y los demonios, como servidores de la energía de la muerte, de la oscuridad o del caos. Sabed que no es así, nosotros somos una energía de cambio, de equilibrio, de balanza y de metamorfosis. Mientras unos quieren infundir vida o arrancarla, nosotros llevamos energía vital de un estado a otro sin problemas. Somos conocidos por ganar poder frente a la pérdida de otras vidas, pero con la misma facilidad podemos sacrificarnos por un bien mayor, en un acto de curación a otro ser.
  -Si su postura es neutral, o por lo menos diferente a las vías nigromántica y blanca, ¿por qué parecen algunos de vosotros tan empeñados en aliarse con las prácticas nigrománticas? Más aún, ¿por qué amáis tanto la oscuridad?
  -Son dos los factores importantes. Uno es vuestra condena, vuestra reiterada condenación a un poder tan impresionante. Aceptáis sin problema la magia de la curación, pero os negáis a aceptar igualmente una magia que se define en igual proporción por la capacidad de degeneración. Eso nos pone más cerca aún de la magia negra, que es casi tan ambigua como la nuestra. Es, al fin y al cabo, más tolerante -el interlocutor alzó una ceja, pero no pronunció palabra-. Por otra parte -continuó tras una breve pausa-, nos condenamos a nosotros mismos. El sufrimiento del que es rechazado, del que no soporta la ambiguedad de su naturaleza, del que tiene tanto poder de vida como de muerte, lo deja en una posición muy vulnerable, más aún, lo lanza directamente a las sombras, que le acogen como a hijo de madre ajena.
  >>En las sombras, lejos de la ceguera de la luz, los seguidores de la sangre podemos reconciliarnos con lo que somos y lo que nuestro poder significa. En las sombras, nos alejamos de nuestro pasado mortal para acercarnos a un mundo en que la luz no es ya necesaria para conocer la realidad. En las sombras dejamos de ser unos títeres de la opresiva luz para abrir los ojos a lo desconocido, abiertos y tolerantes ante la verdad. Además está la sangre, la energía pulsante que sustituye, en la oscuridad, a la luz que antaño guió nuestros pasos sobre la tierra. Ahora es la sangre y no el sol la que nos dicta, y la sangre, ante todo, es símbolo de vida, de vida y de muerte por igual. En todo acto de valentía o desesperación que se precie, hay sangre. Sangre que representa dolor, amor, desesperación, perdición y victoria. Para nosotros, sangre es vida, es luz, es todo.

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